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miércoles, diciembre 03, 2008

El Chocolate está en... La Ibérica


Esta tradicional chocolatería arequipeña fue fundada en 1909 por Juan Vidaurrazaga. Empezó elaborando "chocolate a la taza" y desarrolló luego bombones, barras, tabletas y pastillas, además de los apreciados mazapanes, con cocción a la francesa, los toffees (con mantequilla pura de vaca) y un original turrón de tipo alicantino que se hacen con "almendra peruana" o "nuéz del brasil".



El éxito de la fábrica radica en que trabaja el cacao, el famoso "chuncho" del Cusco, a partir del propio grano, sin adulterar la manteca ni los sólidos, lo que permiteproducir un chocolate impecablecon un punto mesurado de azúcar, como en las más exigente s fabricaciones del género.



Tomado de :"La Gran Cocina Mestiza de Arequipa"

lunes, diciembre 11, 2006

La Chicha

Típica imagen de picanteria arequipeña (lonccos tomando chicha y tocando un yaraví)


Bebida predilecta de los incas, curacas y runas del llano, la chicha, una de las múltiples formas en que se consume el maíz desde tiempos inmemoriales, ha sido sustento nutricio de los recios y diligentes runas de todo el Tahuantinsuyo. De Loja a la Tierra del Fuego, de los calcinantes arenales mochica y pachacámac a las estepas aymaras, la chicha calmó la sed, mitigó las penas y revitalizó los cansados músculos de una civilización sustentada en el duro y permanente esfuerzo de su población. Sirvió también de ofrenda a los dioses tutelares. El dios Inti, Wiracocha, la Pachamama y los Wamanis eran celebrados en cada acontecimiento importante. De este modo, el runa mantenía en armonía su relación con el mundo celestial y la naturaleza.
Durante casi dos mil años, la chicha fue la bebida peruana por excelencia. La hay de diferentes tipos, colores y sabores: fresca y ligera, estrictamente para la sed; con más cuerpo y fermento para animar reuniones familiares y de amigos; más fuertes y añejas para abrir las compuertas del inconsciente y liberar el cuerpo en las fiestas colectivas; y la chicha purificada por los rezos y salutaciones de los sacerdotes y curanderos, quese ofrenda a los dioses. De uso múltiple, compañero fiel del hombre peruano en las duras faenas del campo, en la fresca y protectora sombra del hogar y en las alegres y animadas fiestas.
Al igual que buena parte de usos y costumbres que identifican a la civilización prehispánica, la chicha también ha sido víctima del menosprecio y la marginación. Se le considera, en estos tiempos y en ciertos círculos, bebida indigna de gente decente, buena para indios y cholos 'misios'. De tal modo que, salvo en las picanterías del sur andino y mestizo (Arequipa, Tacna, Cuzco y Puno), no es frecuente encontrarla en los lugares 'decentes' que expenden comida. De Trujillo a Piura (espacio de fuerte influencia señorial y oligárquica), en las ciudades grandes y medianas, es un insulto pedir chicha en un restaurante de medio pelo, que abundan en dichos sitios. Con evidente tono de menosprecio y molestia te dicen: "Acá no se vende 'eso', eso venden las chicherías". Y dicen "chicherías" como sinónimo de lugar plebeyo, vulgar, de gente de baja estofa.
Hasta hace algunos años, en las campiñas y pueblitos de la costa norte, era frecuente encontrar de trecho en trecho tambitos o ranchitos en cuyo techo flameaba una banderita blanca (en la sierra sur, el distintivo de venta de chicha es la bandera roja, pues la blanca es para el pan). Pequeña, límpida, orgullosa, ondeaba al cálido viento norteño, invitaba a calmar la sed, compartir cuitas y alegrar el espíritu. Era el distintivo del lugar en que se podía encontrar esta milenaria y gratificante bebida.
En la actualidad, son muy pocos los lugares en que se expende chicha como principal producto de venta. En Piura, principal centro productor y consumidor de chicha en el Perú, todavía quedan estos míticos rincones. En pequeños pueblitos rurales se puede encontrar, muy de cuando en cuando, algunos ranchos en los que ondea una banderita blanca, ahora un poco triste y como en retirada. Esto no significa que haya dejado de consumirse: se consume tanto o más que antes. Como una serie de manifestaciones prehispánicas que han pretendido ser eliminadas y dadas por muertas por el Perú oficial, la chicha goza de buena salud. No hay buena picantería en la región norte o sur y, en la propia Lima, que no tenga una buena provisión de chicha y se ofrezca como el acompañante natural de los apetitosos y abundantes potajes típicos que se sirven.
Lo que sucede es que antaño, en la región norte particularmente, la chicha era el principal servicio que se ofertaba; la comida, el 'piqueo', iba de yapa. Ahora es al revés: la chicha es acompañante. En toda picantería que se respete tiene que presentarse y servirse la buena y generosa chicha; y si es en 'poto', mejor, por que se está haciendo 'conforme a ley'. La cerveza, que es la que se ha ido convirtiendo en la sucedánea 'decente' de la chicha como bebida de bajo contenido alcohólico y de difusión masiva y popular, no ha logrado eliminar a nuestra bebida ancestral, a pesar de su intensa y persistente publicidad. No es aventurado suponer que el consumo nacional de chicha sea superior al de la cerveza; ello no se puede afirmar categóricamente porque no existen datos confiables.
Su discriminación como bebida de consumo masivo y cotidiano obedece a causas de lesa cultura, estrictamente a cuestiones de prejuicios. Los criollos de mentalidad oligárquica, descendientes de los encomenderos y los migrantes europeos, que posteriormente se incorporaron a la sociedad de blancos, segregaron y estigmatizaron a la chicha. Dictadores de las modas y árbitros del 'buen gusto' y elegancia, han ido imponiendo esta opinión a buena parte de la población nacional, sobre todo a la costeña-limeña que tiene menos clara su identidad y sigue creyendo en los mitos de la Lima colonial, "Ciudad Jardín", "Ciudad de los Reyes", etc.
De las bebidas que usualmente acompañan la buena mesa (que hacen maridaje con el excelso yantar), solamente el vino puede ser asumido como un verdadero rival de la chicha. Su versatilidad y sabor completan una buena comida, sobre todo si es seco, para apreciar mejor el sabor de los potajes. La chicha, por lo general se consume baja de azúcar (en el norte solo se pone azúcar para acelerar la fermentación), de modo tal que no pervierte ni altera el sabor de la comida. Pero la chicha tiene frente al vino una ventaja que la hace superior: es un digestivo de primer orden. Su fermentación produce una serie de gérmenes que actúan como un catalizador eficaz de la absorción de los nutrientes presentes en la ingesta alimenticia. No solo aumenta el placer de una buena comida, sino que hace más completa y rápida la digestión.
La bebida peruana por antonomasia es la venerable y ancestral chicha, que se sigue consumiendo en todos los rincones del Perú. No importa que en algunos lugares esté un poco venida a menos, que la marginen de los salones o de las fiestas de los señores y principales; sigue vigente en la mayoría de lugares en los que predominan cholos y mestizos que respetan su identidad y mantienen su tradición. Porque como dice la canción: los pobres son más. De las otras bebidas, que son muchas las que produce este ubérrimo y variado hábitat (hay que ver la cantidad de macerados que se elabora en la selva), habría que decir que son como el agüita de coco: la toman pocos y de poco en poco. Esto incluye al pisco, cuyo origen peruano está fuera de toda discusión, pero que ante la chicha tiene que sacarse el sombrero y arrugar el poncho.

Por : Vicente Otta R., Sociólogo, promotor socio-cultural, miembro del comité de iniciativa de la revista Nosotros.

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sábado, octubre 28, 2006

Esto no es una picanteria!!

Aprovechando el tema anterior de las Picanterias, hay algo que está haciendo decaer su fama me parece, o se tratara de desconocimiento o descuido de los propietarios, pues uno de los fines de semana pasados , como casi siempre salí con mi familia a almorzar y bueno en esta ocasión tocaba por decisión democratica visitar una picanteria, por desgracia decidimos cambiar de lugar, ya que desde hace algun tiempo caiamos por surquillo a una que fue un descubrimiento, bueno en realidad una recomendación de una amiga, "El Rinconcito de Tiabaya", muy bueno por cierto, desde la entrada hacia recordar a una típica picanteria de las de Arequipa y recomiendo visiten, pero bueno este domingo tuvimos la "buena" ide a de hacer un cambio y probar otros lares una pivanteria mas cercana, que queda por Molicentro y de la cual habia escuchado algunos comentarios, pues llegamos a "El Misti" la primera impresión fue buena, era un sitio tipo campestre , habia música típica( lease yaravis), pero el desencanto llego desde el primer momento la atencion y el servicio dejó mucho que desear, las personas encargadas de la atención no tenian idea, de lo que era un "llatan", el piqueo (mote de habas ) estaba seco y sin sal, pedí un Rocoto relleno que me vino con carne molida y aderezado con salsa de tomate, el colmo, no picaba y tuve que pedir ají para mi rocoto, parecia una broma de mal gusto , me trajeron ají de Pollo a la brasa!!!, pense por un momento que me habia equivocado y estaba en una pollería, para tratar de quitarme el mal sabor pedí un Adobo, por lo menos estaba aceptable, al igual que la Chicha de jora que habia madurado , pero que servian en jarritas minúsculas (juego de te?) los demás platos (costillar, chicharron de chancho, caldo blanco) estuvieron dentro de lo aceptable, pero la impresión general fue de decepción, una mala impresión, deja mal parada la comida arequipeña, no recomendable.
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